De un informe a Subud Enterprise Services International (SESI) por Illène Pevec, noviembre de 2018

Wawa Illari (‘Niño­­­ Estrella’ en quechua) es un proyecto de intervención de salud multidisciplinario para niños desde el nacimiento hasta los tres años en once comunidades muy pobres que pertenecen al distrito de salud de Pachacamac en el área rural de Perú al sur de Lima.

Se trata de tres componentes:

  1. Niño explora nueva paleta por nuevo árbol

    jardines comunitarios y caseros, donde Illène Pevec, PhD, directora de A Child´s Garden of Peace, dirige la enseñanza de jardinería para cultivar vegetales y frutas orgánicamente en el hogar;

  2. nutrición consciente, donde la Dra. Emilia Garzón, de Ecuador, líder de la Asociación Vivir, enseña la alimentación consciente y la nutrición saludable que proporciona los nutrientes necesarios para un desarrollo infantil adecuado; y
  3. el Programa Internacional de Desarrollo Infantil (ICDP) dirigido por Nicoletta Armstrong y enseñado en Perú por Ana Sofia Mazzini y Honorata Herrera. La metodología del ICDP tiene como objetivo ‘permitir que los niños alcancen su máximo potencial a través de las relaciones con sus cuidadores’.

Virginia Hamida Thomas, socióloga y directora ejecutiva de SDIA, obtuvo la financiación principal de Grand Challenges Canada a través de un programa llamado Saving Brains. Como parte del proyecto, la investigación realizada en colaboración con el Ministerio de Salud de Perú busca descubrir si esta intervención multifacética mejora la salud de los niños. Hay 115 niños inscritos en el programa y 150 niños en un grupo de control que reciben atención médica normal en la clínica de salud pública local.

Doris (Magdalena) González (derecha) con un equipo de enfermeras del Ministerio de Salud peruano que llevó a cabo las evaluaciones iniciales. De izquierda a derecha, Milagro Cuya, Zarela Cuya y Sonia Huaman.

El proyecto recibió la aprobación ética del Instituto Nacional de Salud Infantil del Perú y de la Universidad McGill. El investigador principal es Doris (Magdalena) González, MD. También participa ICDP Perú, dirigido por Ana Sofia Mazzini y Honorata Herrera, quienes además de enseñar e implementar el componente ICDP, administran y coordinan todas las actividades de Wawa Illari. Ana Sofía y Honorata trabajan en logística, brindan apoyo y seguimiento a los trabajadores de salud comunitarios semanalmente en el jardín y los componentes de nutrición consciente, y respaldan los tres puntos de recopilación de datos (las clínicas de salud pública) para la investigación. Además, compran y entregan todos los suministros de alimentos y jardinería a las catorce promotoras de salud que hacen la distribución a cada familia y todos los suministros médicos necesarios para las evaluaciones de salud a las tres clínicas de salud pública involucradas.

Wawa Illari tenía un acuerdo con una universidad en Lima para que sus estudiantes de enfermería reciban todos los elementos de nuestro programa para que los padres críen a sus hijos en entornos más saludables y, a su vez, los estudiantes de enfermería enseñen las clases en la comunidad. Nuestro presupuesto se basó en este acuerdo formal con la universidad. Sin embargo, la universidad se retiró del proyecto por completo.

Nuestra necesidad de enseñar a todas las 115 familias a cocinar, nutrición, jardinería, higiene y la capacitación de ICDP nos llevó a trabajar con nuestras propias educadoras comunitarias. Comenzamos a reclutarlas en octubre de 2017 cuando Magdalena e Illène se encontraban en Perú para trabajar con ICDP para iniciar la implementación del proyecto.

Taller de nutrición con Emilia Galarza Garzon

Extrajimos dinero de otras partes del proyecto para pagar a las promotoras de salud por visita familiar. Comenzamos con la capacitación básica en jardinería orgánica en octubre y noviembre. Para junio, nos habíamos quedado sin dinero para pagar a lo que se había convertido en un excelente equipo de promotoras de salud y estamos muy agradecidas por la subvención de SESI que nos permitió a nosotras y a las promotoras de salud completar la educación comunitaria en 2018.

Todas las promotoras de salud viven en las once comunidades a las que servimos y algunas tuvieron bebés o niños pequeños en el programa. Algunos solo tenían educación primaria y solo dos tenían algo de educación técnica más allá de la secundaria. Lo que hemos visto en el último año es un desarrollo personal extraordinario en las 14 mujeres que contratamos. Este otoño necesitábamos tener contratos formales y pagar seguros de salud y responsabilidad civil, ya que había habido violencia en una de las comunidades y nos sentimos responsables de la seguridad de estas mujeres mientras caminaban por las laderas que conforman esta región. Siete mujeres tuvieron que retirarse cuando empezamos a trabajar formalmente, ya que el hecho de recibir de nuestra parte su seguro de salud personal, las llevaba a perder los beneficios del gobierno otorgados a las familias en extrema pobreza. Entretanto, durante los últimos tres meses, otras ocho mujeres visitaron a las 115 familias semanalmente.

Huerto en casa de un promotor de salud.

El trabajo: De septiembre a noviembre de 2018 (19 semanas), las promotoras de salud impartieron enseñanza sobre los siguientes temas, así: protocolo ICDP ocho semanas, nutrición y refuerzo de cocina ocho semanas y lecciones de jardinería con la presencia de Illène en octubre, tres semanas más. Durante ocho días, acompañados de cada promotora, se plantó el árbol frutal que cada una de las familias visitadas escogió. También se plantaron árboles frutales en el preescolar público, en el jardín comunitario que establecimos y en la clínica de salud pública, a donde muchas familias llevan a sus hijos para todos los chequeos médicos que brinda este proyecto.

Resultados: En octubre, el día Illène arribó, asistí a una de las reuniones semanales de la promoción de la salud, centradas en enseñar uno de los protocolos de ICDP: seguir la iniciativa de un niño con estimulo. Una mujer estaba con dos de sus hijos mayores, de 6 y 9 años respectivamente, quienes jugaban con algunos de los juguetes educativos disponibles, desarrollando exactamente el contenido de la lección, de forma tal que, el mayor apoyaba la exploración que su hermano menor hacía del nuevo juguete. Más adelante, Juan David, de 9 años, dio una conferencia a todas las mujeres presentes, sobre la importancia de escuchar a los hijos sin interrumpirlos y permitirles expresar su experiencia u opinión. ¡Demostró estar listo, a la edad de 9 años, para enseñar por sí mismo acerca de ICDP! Así, todos nos percatamos de que estos niños mayores se beneficiaron enormemente de este programa, al acompañar a sus madres y aprender junto a ellas.

Habilidades aprendidas: Las promotoras de salud han aprendido a enseñar, aumentando sus habilidades cada semana, en la medida en que llevan a las familias que les corresponde, casa por casa, la nueva información que acaban de aprender. Ellas han implementado lo que han aprendido, en primer lugar al interior de sus propias familias. Han ganado confianza al aprender como compartir el contenido del programa con las otras familias que atienden. Han administrado con éxito el jardín comunitario y enriquecido las dietas de sus familias con los productos del mismo, además de plantar sus propios jardines caseros.

Una de ellas tiene un niño gravemente discapacitado, reducido a permanecer en cama. El año pasado, ella se unió a un programa del gobierno para ayudar a familias con niños con discapacidades severas. En este grupo de apoyo, ella compartió lo que aprendió con Wawa Illari, y el director del programa le pidió que hiciera una presentación completa sobre el ICDP en una reunión regional de este programa, que tendrá lugar en el 2019.

Otra más participó en un curso para calificarse como enfermera asistente, una vez lo cual, le ofrecieron trabajo en la clínica de salud local, debido a que el personal médico la conoció como acompañante de las madres del grupo que apoyaba a las citas médicas de sus bebés.

A otra promotora de salud, en la escuela le dijeron que era lenta y desde entonces sufrió de baja autoestima, y como resultado de esto y ser al mismo tiempo, promotora de salud, descubrió que no solo podía aprender, sino también, enseñar. Ahora ella, con confianza en sí misma, sonríe feliz. Dos de las mujeres que fueron golpeadas por sus esposos en septiembre, hoy arrestados, decidieron abandonarlos gracias a su recién adquirida confianza en sí mismas y conciencia sobre lo que constituye una buena salud emocional, aprendida en nuestro programa.

Mientras caminaba con estas mujeres durante las visitas a todas las familias para plantar árboles frutales, escuché a los padres, uno tras otro, decir cuán agradecidos estaban por las mejores dietas a las que tenían acceso gracias al programa, y cuán felices se sentían aprendiendo a comunicarse de forma más amorosa y paciente con sus hijos. La mayoría de nuestras familias viven en la pobreza extrema, en casas en peores condiciones que un cobertizo en América del Norte. Verlos ser más conscientes de sí mismos y padres más capaces, como resultado de Wawa Illari nos ha hecho a todos muy felices. Los niños mayores se consideran a sí mismos embajadores y nos siguieron de casa en casa para ayudar a plantar árboles. Ana Sofía y Honorata y las promotoras de salud celebraron una fiesta de clausura el 8 de diciembre, con una tradicional horneada al aire libre. Todas las promotoras de salud quieren seguir trabajando con nosotros. Esperamos encontrar la forma de hacerlo realidad.

La última de tres evaluaciones está en marcha y para fines de diciembre, esperamos tener toda la información necesaria para procesar los datos y descubrir el impacto que el proyecto ha tenido en la salud de los niños.